Teoría Sobre la Vida
Ayer descubrí o mejor dicho me introdujeron una idea que me agradó. Se trata básicamente de que la vida de cada uno de nosotros es, como la comida. El alimento que más nos guste o que por capricho, en ese momento se nos antoje. Cada uno de los ingredientes es lo que tenemos en nuestra vida. La sopa, el arroz, la pasta, la carne, el tomate, el limón, la coca-cola, el agua, las verduras, la ensalada, el postre, en fin todo aquello que el menú incluya, son nuestras ganas de vivir, nuestros triunfos, las promesas cumplidas, las rotas. Las derrotas, las metas alcanzadas, el bien, el mal, nuestras locuras, los momentos, las risas, los llantos, lo bueno, lo malo, el amor, el desamor, el si, el no, las seguridades, las inseguridades, en fin todo aquello que hace que tenga sazón la vida.
Y como en cada alimento, nos vamos comiendo poco a poco todo lo que en el plato exista, a veces con más ganas que otras, pero al final nos acabamos lo que ahí haya.
Creo que en realidad la idea tiene toda la lógica aplastante que puede tener. En nuestra vida, las cosas están ahí. Los sueños, las metas, las promesas, todas embotelladas como las especias. La cacerola sería nuestra vida misma. La carne, los tomates, las verduras, las semillas, las pastas, todo eso sería los momentos, las circunstancias, la familia, los amigos, los compañeros. Una pizca de esto, algo de aquello, es lo que va haciendo nuestra experiencia, nuestra historia. El fuego pudiese ser la candela, las ganas, lo intenso de un fuego abrasador que a veces embarga cierto momento, o el fuego lento del tiempo que en algunas circunstancias dejamos que resuelva ciertas cosas. Al final ya que el guiso está preparado, nos sentamos ante el dispuestos a saborearlo. Lo ácido del limón pueden ser esos pequeños momentos que, a veces nos llegan, a veces por muy buena que esté la comida, le agregamos un poco de sal o un toque de chile, para que le de más sabor. Cada bocado lo degustamos de manera distinta, a veces poco a poco, otras con una rapidez arrolladora. Nos comemos los triunfos, las derrotas, las lágrimas, vamos dejando a un lado un arroz quemado, las aceitunas, las semillas del limón, en fin todo aquello que no nos es agradable, al final de la degustación siempre terminamos con todo aquello que nos encantó y apenas si dejamos a un lado lo que no queríamos.
Es así como hacemos en la vida, vamos dejando a un lado lo que no nos sirve o aquello que por decisiones consideramos que no debemos llevarlo a cuestas. Al final siempre nos comemos el platillo… al final siempre vivimos la vida, con todo aquello que la integra, con todo aquello que la hace ¿no?

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