Son algo así como las 9 de la mañana, estoy despierta parada en la puerta de una habitación con las paredes blancas, en ellas solo está una imagen de Jesús, la luna y una fotografía de una niña de unos 10 años. Los muebles a penas si están acomodados y en medio del suelo una maleta roja que estorba al paso.
Suena el timbre, cojo el interfon y abro la puerta, lo abrazo fuerte y nos besamos. Sale mi madre de la cocina y nos dice que no tardemos que comeremos todos en casa. Salimos agarrados de la mano, nos han prestado el coche para hacer las últimas compras y a recoger unas fotografías. Volvemos, mientras está lista la comida hago el último repaso de las cosas y cierro la maleta. Suena el timbre, es Delia. Platicamos, sin mucho que decir, y no por falta de tema, si no por evitar algún comentario que nos haga llorar, me abraza, se marcha. Lega Sergio, comemos, Parecía en verdad un día normal. Suben la maleta al coche, mientras tanto recorro una vez más mi casa, intentando llevarme la muchas imágenes, recojo otras fotos y subo al auto. Tras eso mi cabeza se queda en blanco, prefiero dormir a pensar en lo que sucede.
Suena el teléfono, al otro lado resuena una voz dulce y amorosa mis abuelos me dicen “te quiero” cada uno con voz entrecortada, me recuerdan lo orgullosos que estan de mi y lo mucho que me echarán de menos, todo esto lo reitera mi Tío Ricardo. Me recuesto en su dorso, me duermo. No puedo ver a mi madre, sé que verá mi miedo, mi entusiasmo, mi incredulidad, si la veo mi rostro reflejará la tristeza que me da el dejarla, el que aún recuerdo nuestro encuentro en el pasillo, la noche anterior, donde me abrazo tan fuerte como pudo y me dijo “mi niña, es la última noche que pasarás en esta casa, y que lo harás por que aún vives conmigo. Sé que jamás volveremos a vivir juntas”, si la veo veré su tristeza, duermo por que es más facil que decir mil veces adiós. Suena el teléfono, es Alex, diciendo esa frase que aún resuena en mi cabeza y que me causa tanto impulso, me dice que me quiere y termina con un “lo sabía chamaca, siempre supe que eres grande”.
Llegamos al aeropuerto documento, pasan las horas mas largas y cortas de mi vida. Llega el momento, Sergio, mi mami y yo nos cogemos de la mano, lloramos, nos apretamos las manos para intentar transmitirnos tranquilidad, amor, para darnos fuerza y seguir adelante. Osly nos mira desde la barandilla cercana, No me ha visto a los ojos por que me prometió que no lloraría.
Llegan mis amigos, me regalan una camiseta. Llegamos hasta el zig-zag que me conducirá hasta lo inesperado.
Me despido uno a uno, ya no recuerdo quien fue el primero. Respiro y comienzo a caminar. Veo hacia al frente mis sueños se vislumbran tras bambalinas, veo hacia atrás, y por fin veo a mi mamá a los ojos, y si hay tristeza en ellos, pero hay mas orgullo y amor, confianza y seguridad, lo que me impulsa a seguir adelante un paso mas. Veo a uno a uno a la gente que estoy dejando, quiero recordar sus caras, no de tristeza, si no de lo mucho que significan para mí. Llego al mostrador y me quedo parada ahí, inmersa en un revoloteo de ideas y pensamientos, y los sigo observando respiro una vez mas, giro y sigo adelante.
A 730 días de eso, aún lo recuerdo y lo vivo, y lo siento, siento ese hueco. A 2 años de comenzar esta aventura, se ha convertido en una gran enseñanza. Cuando empaqué jamás imaginé que 22 años cabrían en una maleta y lo hicieron, ahora creo que estos años necesitarán al menos 2.
A 24 meses de mi salida y de remembrar el por que de este viaje me doy cuenta de lo mucho que he aprendido. De la valiosa gente que he conocido, de lo grande de mis sueños y de lo firme de mis convicciones. Comienzo a detectar las diferencias que tiene mi persona.
Comenzando el 3ro. Que seguramente será tan diferente y habitual, tan expectante e inigualable como estos, 2.
La vida, las personas, las circunstancias son tan diferentes a lo que eran hace 730 días…
Si existiera un rewind de este video clip y volviera estar en la oficina de polanco decidiendo si irme antes o no, observando el reloj para calcular el tiempo que tengo antes de que mi avión hacia Cozumel salga, sin duda alguna, repetiría todo de igual manera.
Es viernes salgo de trabajar, camino hacia mi casa, pienso en este trayecto de 12 minutos que hace un par de años fueron mas de 12 horas para llegar hasta donde estoy, y lo único que se me ocurre es sonreír y mirar al cielo, dar gracias por todo, mirar al frente y seguir sonriendo, al final esto no es mas que el comienzo de otro año de otras aventuras, tropiezos, lágrimas, exitos. Se que todos los años son diferentes y este no será la ecepción BIENVENIDO 3ERO.!!!!