Cuento
Cuándo era niña solía jugar a la casita, con muñecas que eran hijos, siempre dos. Ahora sé con certeza que eran dos, un niño y una niña, por que eso de ser hija única no era como lo que más me alegrara. El papá… jamás se hacía presente, supongo que por que el mío tampoco lo hacía, sin embargo siempre jugaba un papel importante, de alguna manera su sombra existía. Me fui metiendo más en ese tiempo complicado llamado adolescencia, y aunque me gustaba eso de la ilusión fantástica de un amor secreto hacia aquel amigo, que no te veía mas que como la compañera de juegos, de bromas, una compañía sincera pero que no llevaba un romance oculto, que, por más que te hubiese gustado que así fuera, no era así. En ese tiempo llegué a la “resolución fantástica” de que no iba a tener una relación que llegara al matrimonio. Me imaginé sola, con una carrera, logrando todas mis metas. Así fui creciendo y entre más pasaba el tiempo, esa “resolución fantástica” se convirtió en una firme convicción, en una meta más a seguir y en verdad que lo estaba logrando. Por que aunque tenía novios y así, realmente en el fondo siempre existía la barrera de que no iba a pasar nada más al menos yo no lo permitiría, ¿para que? Sufrir no era una opción en mi vida, y eso en el fondo era para mí el amor.
En este andar por la vida, un día me espiné, en el momento, como siempre las endorfinas hicieron su trabajo y mitigaron ese sentimiento. Pasó el tiempo, seguí en el camino que se iba trazando en mi vida, por mis decisiones y con la ayuda del todo, de todos. Así transcurrieron los días, los meses, que se convirtieron en un año. Eso fue lo que me tardé, un año, un año en encontrar el lugar exacto en donde me había espinado, o mejor dicho me encontré justo con lo que me había espinado. De entre las sombras del pasado, pero con tu presencia constante, apareciste, pero ya no como solías hacerlo, ya no con obstáculos, ya no con situaciones extrañas, apareciste con esa sonrisa, con esos ojos, con esa palabra, con esa caricia siempre constante.
Ese día y los que siguieron, comprendí que mi resolución se estaba desvaneciendo, que esa barrera era ya imperceptible; que la pregunta ¿para qué?, tenia una respuesta, un sentido. Me dejé de imaginar sola y me veía de la mano de un personaje que me llenaba, me hacía sentir mujer. Pero no cualquier mujer si no “la mujer”.
Hubo promesas, preguntas, dudas, cariños, soledades. Pero nada me hacía pensar que estaba cometiendo un error. Por desgracia después también llegaron los recuerdos, las soledades más grandes aún, los besos cada vez más escasos, y no por falta de amor o de pasión, si no por circunstancias, ese querer encontrar “la leyenda Personal”-aún hoy me pregunto que es lo que eso significa-, pero aunque la duda siempre viene a jugarte un destanteo, creo que estoy haciendo lo correcto.
Hoy en día, mi más grande espina se convirtió en mi más grande amor, en mi mayor ilusión, en mi querer hacer cosas en la vida, en un apoyo sin límites, en un “algo” que a pesar de la distancia, el tiempo y la vida eterna y sabía, jamás ha de quitarme de mi alma de mi corazón.
Sabes… las endorfinas han dejado de surtir su efecto, y tu ausencia me duele tanto, que a veces creo que no vale de nada esto, que fue el error más grande de mi vida. A veces duele, pero no con tanta fuerza. Eso es por que la ilusión que algún día nació y aún… vive en mí, sobre darnos una oportunidad, pasara lo que pasara, está muy presente en mi alma, en mi vida. Y hay ocasiones en las que aún me levanto con una enorme sonrisa por que sé que vamos estar juntos.
Un día me dijiste que te gustaría encontrar un lugar donde poder enterrar los sentimientos. La verdad es que no se si exista. Se que no me gustaría que lo hicieses, más no puedo ser egoísta.
Es verdad que los sueños cuestan, y creo que a mi me están costando mucho, solo espero que no todo.
Ahora el panorama del camino se ha vuelto incierto, pero ahora entiendo aún mejor que lo único seguro es la muerte ¿no? Mientras tanto a seguir dando gracias a Dios, por que existió, en fin... él sabe por qué hace las cosas y aunque por lo general no lo entiendo, nunca me ha fallado, dudo que sea esta la ocasión.
“extrañar es una tontería, sólo que creo que no extrañar es como aceptar poco a poco que ya no perteneces a donde has estado…como si quisiera aferrarme a algo a lo que ya no sé que tanto es mío y por eso es que me aferro,…pero tengo que soltarme de allá para poder ser productiva acá, no se pueden las dos cosas a la vez, no se puede”

0 Comments:
Post a Comment
<< Home